Aprendizaje de Verano

marzo 10, 2020 Por Fran

“Educar es socializar y potenciar las capacidades de cada persona”. Amanda Labarca

Es difícil definir nuestro propósito si no tenemos una idea clara de hacia donde nos dirigimos o nos cuesta dilucidar el camino que queremos recorrer. En nuestros quehaceres cotidianos, nos damos cuenta que sin duda, educar e instruir, son labores que exigen de una meta definida, de un propósito concreto que nos lleve a encausar todos los esfuerzos, direccionar cada uno de los pasos que damos e intencionar cada situación a fin de alcanzar ese tan anhelado objetivo de lograr aprendizajes. En este sentido, estoy segura de pensar un par de veces, durante este corto tiempo de ejercicio docente, en que mi propósito como persona podía ser enseñar y entregar lo poco que tengo para que otros crezcan mas, luego de un par de reflexiones, he concluido algo que se aleja de aquellas ideas iniciales que causaban cierta inconformidad al aceptarlas. ¿Que tal sí el propósito de un educador no es educar, sino aprender?, ¿que tal si la visión de una persona que entrega todo lo que puede a otros se desplaza a la idea de un ser egoísta que busca llenar su propia vida de conocimiento?.

Al revisar los cuestionamientos mencionados anteriormente, reflexiono entorno a la segunda pregunta, y concluyo que no existe tal acción egoísta de acumular conocimiento individual, pues cada vez que aprendemos algo, no guardamos lo aprendido en una caja o lo encerramos en una jaula, mas bien, lo mostramos como artículo precioso, digno de consideración y reconocimiento, que aparece en cada una de las situaciones que enfrentamos. Puede ser que no lo entreguemos directamente o que citemos de forma textual cada uno de los elementos que lo componen, sin embargo, ese aprendizaje guiará nuestro actuar al relacionarnos con otros y enfrentar los desafíos que el mundo pone frente a nuestros ojos.

Es así como me he planteado la idea, quizás desde mi perspectiva aún inocente de la docencia, de que para un educador, el propósito inicial de su labor no debe ser solo entregar conocimientos y transmitir información, sino aprender, aprender constantemente y nunca dejar de buscar instancias para aprender. Aprender de cada saludo, de cada momento, de cada persona que se cruce por nuestro camino, de cada palabra, de cada emoción, de todas las preguntas, así como de todas las respuestas. No parar de aprender nunca, pues para aprender algo no se requieren grandes libros ni recursos, solo es necesario la disposición a adquirir algún elemento por pequeño que sea, y amor, por cada una de las cosas que se presentan en la vida. Y quizás solo luego de aprender un poco más, podamos tener como propósito enseñar, enseñar lo que hemos aprendido y lo que nos han enseñado, pues quien aprende de nosotros nos ayuda a aprender cada día como enseñar.